Ganar premios es chévere y purgar prejuicios, también

Hace un par de semanas me enteré que era una de las ganadoras de un lote de novelas de Harlequin Ibérica, a través del foro Autoras en la Sombra. Participo allí de vez en cuando y me apunto a los sorteos de libros que más me llaman la atención. La verdad es que no recordaba haberme apuntado a este y fue gracias a aviso de una usuaria del foro que lo supe, porque hacía varios días que no me asomaba por allá.

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El tema no es para reírse. Durante muchos años fui una gran detractora de las novelas “de kiosko” y permítanme explicar el por qué: veía a mis tías y ocasionalmente, a mi mamá, leer estas novelitas de kiosko (si, las Julia, Jazmín, Deseo, los dramones de Bárbara Cartland, etc.) y yo me preguntaba qué tenían de interesante. Así que me leí varias a escondidas y como fui una lectora precoz, a los 10 años podía comparar la narrativa de Wilbur Smith y las novelas de kiosko. Ni punto de comparación. Después de leer a Wilbur, ¿quién querría leer estas novelitas?. A mis 10 años sentía mi inteligencia insultada.

Así que me sumergí en esa etapa pre-adolescente con mucho cinismo respecto a la novela romántica, porque establecí un lazo inmediato entre el género romántico y estas novelas de kiosko. Pasé años haciéndole ascos a la novela romántica, sumergiéndome más y más en la ciencia ficción, la novela policíaca, la histórica, la épica fantástica o solo fantasía.

Creo que mi percepción sobre la novela romántica empezó a cambiar después de leer Cenizas al viento, de Kathleen Woodiwiss. Una drama con la Guerra de Secesión como telón de fondo que me gustó muchísimo, sobre todo porque Lo que el viento se llevó siempre ha estado entre mis novelas favoritas y esta al menos compartía el ámbito histórico. Después llegó Diana Gabaldón y su Forastera, y ya estaba abonado el camino para tenerle algo de respeto al género romántico. Pero pasarían muchísimos años antes que decidiera buscar por cuenta propia novelas de conocidas autoras de romántica.

Ya han leído algunas reseñas en el blog. Decidí empezar a leer romántica hace un par de años, porque sentía que me estaba perdiendo de algo. Tengo que decir que sigo siendo muy cínica al respecto, sigo encontrando novelas que te preguntas cómo llegaron a ser publicadas. Pero otras, son pequeños tesoros. Si, llenos de romance y situaciones que sacan suspiros de manera muy gratuita, pero sencillamente acepté que todas necesitamos nuestras dosis de “happy endings” de cuando en vez y eso no hace menos a una novela, a su autora o al género que representan. Porque al igual que muchas otras cosas, durante los últimos 20 años ha evolucionado junto a sus lectoras.

Si pudiera conversar con mi Yo de 10 años, la agarraría por una oreja, la alejaría de esas “novelas de kiosko” y le recomendaría leer a Woodiwiss en esa época, buscarse algo de Victoria Holt, o mejor aun, iniciarse en los clásicos del género con Jane Austen.

Regresando al premio, ese es mi lote de 11 novelas. Incluye a autoras reconocidas de la romántica como Nora Roberts, Sherryl Woods, Diana Palmer y otras que no me suenan de nada, pero ya tendré momento de leerlas. Seguramente, la mitad no me van a gustar, o quién sabe, a lo mejor me gustan todas. No lo se. Voy a sumergirme en la aventura de leer novelas Harlequin, 22 años después de que mi Yo de 10 años empezara a hacerle ascos.

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One Response to “Ganar premios es chévere y purgar prejuicios, también”


  1. [...] lugar para soñar, de Robyn Carr, es mi primera novela Harlequin desde hace como 20 años. No está para tirar cohetes, pero entretiene, que al final para eso [...]

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