Nacidas para reinar

noviembre 4th, 2008 by Arianne

Estas semanas se me han ido de un libro a otro, porque literalmente me los estoy comiendo. Cuando me fui a España con Oliver, dejé montones de libros sin leer, aun envueltos en el plástico protector y con muchas ganas de pasar sus páginas. Ahora, me estoy desquitando con aquellos títulos que siempre me llamaron la atención (bue, por algo los compré). Entre ellos están 2 de los tres libros que me regaló mi amigo secreto el año pasado. Lo mejor de ese intercambio fue que cada quién puso una lista de cosas que le gustaría recibir, así que yo enlisté 4 o 5 libros, para que mi “pana escondido” me regalara uno. Al final, me dio 3 de la lista… wiiiiiiiiii!!!

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Este tema voy a dedicarlo a dos novelas con una temática similar, aunque no la misma. Me encanta la novela histórica y desde que vi las portadas (y leí las sinopsis) de Leonor de Aquitania y La Reina sin Nombre, fue amor a primera vista. Y no es feminismo, es que las guerras las pelean los hombres (en muchos casos por una mujer), pero son pocas las ocasiones en que los hechos se cuentan desde la óptica de las féminas.

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Leonor de Aquitania (de Pamela Kaufman) fue una noble dama que nació y fue criada para gobernar el ducado de Aquitania, una región al sur de lo que hoy es Francia, y que, aunque rendía tributo al rey francés, era una nación libre. Era una mujer liberal para los cánones de la época y amaba por sobre todas las cosas el arte. A los 15 años, tras la muerte de su padre, contrajo matrimonio con Luis VII de Francia, convirtiéndose en reina de Francia el mismo año de su boda, tras la muerte de su suegro. Pero Luis era un fanático religioso y culpaba a Leonor de querer seducirlo con sus encantos. Para que se hagan un idea de la clase de relación que tuvieron, Leonor solo tuvo hijos 8 años después de casada. En fin, a los 29 años, cansada de las majaderías de Luis VII, consiguió que disolvieran el matrimonio y libre nuevamente, corrió hasta Aquitania para gobernar su feudo.

Ahh, pero el destino le deparaba otra sorpresita, porque en el camino la esperaba el conde de Anjou y heredero del trono de Inglaterra, Enrique II, quién le obligó a casarse con él para unir sus dominios a los de Leonor.  Con él tuvo 8 hijos y la novela comenta que tal vez un par no eran de Enrique, si no del amor de la niñez de Leonor, quién siempre le acompañó cada vez que ella lo llamó a su lado. Con él también tuvo 15 años de matrimonio, hasta que los hijos de Leonor se alzaron contra su padre y entraron en guerra con él. Leonor fue encarcelada, hasta la muerte de Enrique II. Entonces ella se convirtió en regente de uno de sus hijos más famosos: Ricardo I, conocido por todos como Ricardo Corazón de León.

La Reina sin Nombre (de María Gudín) se remonta a tiempos más antiguos aun, situándose entre los pueblos celtas que alguna vez poblaron el noroeste de España. “Jana“, fue una chica criada por un druida y aunque todos entendían que la niña no ers suya, la llamaban “hija de druida”. El hombre en cuestión, Enol, huyó con la pequeña cuando apenas era un bebé para salvarla de la locura que se vivía entre los suyos, a la muerte del padre de la chica, quién era el gobernante de los godos. Jana creció entre gente diferente a su pueblo de origen, pero igual aprendió a amarlos, enamorándose incluso del líder de los astures y heredero de la ciudad de Albión, Aster. Con él, Jana conoce el amor y prosperan, hasta que los godos regresan para reclamar a su princesa y Jana, para salvar a aquellos que ama, se va con ellos.

Entre los godos fue esposa de Leovigildo, quién luego ascendió al trono visigodo y algunos años después, también fueron asociados al trono los hijos de la pareja: Hermegildo y Recaredo, aunque Jana murió sin verlos como gobernantes.

El gran “malvado” de la historia es el mismísimo Enol, quien tiene como objetivo devolver a Jana a los suyos, pero sin detenerse a conocer los sentimientos de la chica. La historia también se mezcla con una leyenda celta, sobre una copa sanadora, tallada por antiguos artesanos, la cual habría viajado a Palestina y se convirtió en el Santo Grial; aunque no es el punto más importante de la historia, se convierte en el hilo conductor de la novela, porque muchas cosas pasan por usar/salvar/recuperar el artefacto.

Comparando ambas historias, me gustó más Leonor de Aquitania, porque está basado en un personaje completamente real y, si bien la autora se toma ciertas licencias en algunos hechos, es normal y comprensible, algunos ajustes son necesarios para hacer llevadera la “Historia Universal” desde esta óptica. Cuando terminé de leer La Reina sin Nombre, llegué una especie de epílogo donde la autora explica por qué eligió ese período de la historia para hacer su novela y aclara que, si bien el escenario es real, toda la historia de “Jana” es ficción. Resulta que la primera esposa del rey godo Leovigildo es un misterio, lo único que se sabe de ella es que fue noble hispano-romana. Así que, en vista que no hay hechos contundentes sobre la procedencia de esta mujer, la autora le inventó un origen y así nació “Jana”. En propias palabras de María Gudín: “no es real, pero no es una mentira”. Para mi fue un baño de agua fría…

4 Responses to “Nacidas para reinar”

  1. Apollo Says:

    Las dos las he visto en las librerias cada ves que entro a tocarme, digo a leer los libros, pero ya que colocas estas sinopsis me voy por la reina sin nombre, el hecho de que haya un artefacto sobrenatural que es importante pero no en extremo me gusta.

  2. Arianne Says:

    Vaya, cómprelo, léalo y me cuenta que le pareció.

    A mi me “perseguía” Leonor de Aquitania, le eché el ojo hace full tiempo. Me lo encontraba en todas las librerías, hasta en Maiquetía… hasta que un día vi una edición de bolsillo en Tecniciencia y lo compré.

    Me ha parecido una de las mejores comprar noveleras que he hecho.

  3. Alguien Says:

    Sobre Leonor de Aquitania no tenía ni idea, pero La reina sin nombre la leí el año pasado por estas fechas. La verdad es que el hecho de que no existiera la protagonista a mí también me sentó algo mal. Se conoce de un Aster que sí existió, pero sabiendo lo otro, ya se deduce que tampoco tendría mucho que ver su historia con la que se cuenta en el libro. También hay un epitafio que habla de un tal Nícer, príncipe de los albiones (en internet aparece).
    La novela me encantó: las luchas entre celtas y godos, la leyenda sobre la copa, las historias de Enol, las descripciones de los paisajes… sólo que el final me parece tan triste…! La recomiendo a todos, da igual edad o sexo.
    Ahora estoy leyendo Hijos de un rey godo (es una trilogía), la continuación de La Reina sin nombre y lo poco que llevo me está enganchando.
    ¡Sólo falta que las lleven al cine!

  4. Arianne Says:

    Mi esposo recién me regaló Hijos de un Rey Godo, la continuación de la Reina sin Nombre, pero todavía no he podido leerlo porque tengo otros libros “en cola” antes de ellas a ese.

    Saludos y gracias por publicar.

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