El mito de la comida rápida en España

Hace tiempo que no ordenamos una pizza de Domino’s. Básicamente desde que empezamos con el asunto de adelgazar y cambiar hábitos alimenticios. La cosa ha funcionado, porque ahora si pedimos una pizza, la mitad del tiempo terminamos con indigestión y/o sobra mucha pizza para el día siguiente. Pero primero hablo de Domino’s porque es el ejemplo más palpable del tema que saco a colación. Cuando llamas por teléfono para ordenar tu pizza, la respuesta a “¿cuánto va a tardar?” siempre es “45 minutos”. O sea, ni sueñes en que te van a dar un vale de descuento por llegar 15 minutos después de los mundialmente conocidos “30 minutos o les devolvemos el dinero”. Directamente te dicen que entregan en 45 minutos, ni más, ni menos.

La pizza llega calientita, pero… ay! del día en que al repartidor le entregan el pedido que no es (que ya nos ha pasado en más de una ocasión). Porque otra vez te toca esperar hasta las veintiunmil y quinientas para que llegue tu pizza. Y el dragón estomacal exigiendo su sacrificio virginal.

Igual puede pasarte en un McDonald’s o Burger King. Te quedas dormido en el mostrador esperando a que te pongan el pedido completo.

Este fin de semana pasado visitamos un KFC, era domingo, veníamos de hacer unas compras y creo que los antojos del huesped VIP que llevo dentro los está sintiendo Oliver y no yo. Como sea, terminamos en la mencionada franquicia con ganas de comer pollo frito. El lugar estaba hasta arriba, pero tu sabes que mientras vas haciendo la cola, pides, pagas y te entregan la orden, algún lugarcito con 2 sillas se estará desocupando. Pues no. El lugar seguía full, aquello estaba lleno de familias completas (papá, mamá, la abuelita, los tíos, los niños, los sobrinos manganzones) que ya habían terminado de comer y que iban a seguir sentados en sus sitios mientras los pequeños saltaban 1 o 2 horas en el parquecito.

¿Eso está mal?. No. Por algo todas las cadenas de comida rápida tienen un parquecito de estos, aunque realmente nunca me lo he explicado. Será para que los chamos se vomiten encima cuando empiecen a saltar y deslizarse por aquí y por allá, a los 5 minutos de haber comido. Pero en fin, es un gancho. Como los juguetes de los menú infantiles.

El rollo es que, si todo el mundo va con el cuento de llevar a los niños al parque y los adultos se quedan apoltronados en sus sitios, en vez de salir a usar las mesitas que están alrededor de los parquecitos del Yomotsu, te encuentras con un lugar a reventar de gente, la mitad de ellos de pie, con la bandeja de la comida en la mano y mirando para todos lados, cual zamuro buscando carne, esperando que alguien se levante. Y entonces pasan cosas como que te acercas a una mesa donde ves que sobran sillas y la gente no las suelta porque tienen encima el abrigo, la cartera, el bolso del bebé, etc.. Y tu sigues de pie, bandeja en mano, mientras tu comida se enfría y además, ganándote miradas de odio cuando preguntas si están por irse para usar esa mesa.

Pero no siempre es así. Por ejemplo, esta aglomeración poco la he visto en las franquicias que están cerca de los sitios turísiticos, como la Puerta del Sol. Entras a un sitio de comid rápida, puede que esté lleno, pero hay un flujo constante de seres vivos entre la entrada y la salida, porque en su mayoría son turistas que quieren comer algo rápido y seguir con lo suyo, que básicamente es el concepto de comida rápida: usted compra, le entregan la comida en pocos minutos, se sienta a comer y lo hace en un breve lapso de tiempo (y ojo, sin atragantarse), le da unos golpecitos a la caja/bolsa de las patatas fritas a ver si no quedó alguna mal parada por allí, sorbe el fondo del vaso de refresco, echa el contenido de la bandeja a la basura y sale del establecimiento a seguir con lo suyo.

Después de casi 6 años viviendo situaciones muy similares a las descritas aquí, mi conclusión es que el concepto de comida rápida en España no se aplica como debe ser por un tema cultural. Es decir, para el español es importante la hora de la comida, se la toman muy en serio, tanto así que bien pueden invertir 1 1/2 a 2 horas completas en ello. Está el entrante, el primer plato, el segundo plato, el postre y el café, y además hay que quedarse haciendo la sobremesa, charlando de lo que sea, así repitas lo que ya comentaste en la hora anterior, después el cigarrito en la puerta del local y ya ahora si, de vuelta al trabajo. Así que poco a poco, esa “importancia de wabinear durante la hora de la comida en el restaurant”  se ha trasladado a las franquicias de comida rápida, donde el comensal español promedio espera poder quedarse echado en su silla 2 horas sin que nadie se le acerque a preguntarle si está por desocupar la mesa. El mejor servicio Tortuga Express para mantenerse en la cumbre.

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3 Responses to “El mito de la comida rápida en España”


  1. Huesped VIP? Nosotros a Adelaide la llamabamos parasito. Eso son un ser nuevo alimentandose de ti. Toooooodo el tiempo.

    Ya te dije sobre los antojos “masculinos” ahora te la calas. Quien te manda a sufrirlo con levedad. Pobre Oliver, comparto su pena. XD

    Aqui en Italia no me ha pasado, pero por regla no como en la calle con la familia, porque me sale demasiado caro y si lo hago es por el juguete. Tranquila, en 4 o 5 años te daras cuenta para que sirven exactamente esos parquecitos, hasta ahora no he visto todavia un incidente alimenticio. Enfasis en hasta ahora.

  2. Anngie

    Chaaaaaachaaaaa, ya te veré quejándote de los parquecitos cuando
    Oliverto o Mildred del Carmen te diga “joder, madre, quiero lanzarme
    por el tobogán”.


  3. Pero que manía… ¿por qué mi futuro warichito va a decir groserías tan pequeño?. Podrá decir “jope”, pero “joder” no.

    O.o

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