Somos 3

Diana está por cumplir 8 semanas de vida y la próxima semana, ya tiene programada su visita al pediatra para la revisión de los 2 meses. Mientras escribo, apurada y pendiente de cualquier ruidito que hace desde el corral, la miro y me parece mentira que esta niña estuvo dentro de mi por 9 meses. Y más aun, que esa cosita arrugadita e hinchada que salió apenas llorando, más quejándose en plan malcriado, se ha convertido en la personita que ocupa mis días… y mis noches.

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Parece exagerado, pero Diana tiene personalidad. Si, con menos de dos meses. Pero ella sabe lo que quiere y cuándo lo quiere, y nos lleva a su ritmo. Somos el trompo que ella baila en la uña. Empezando por su nacimiento. La fecha probable de parto era para el 12 de julio. En base a eso, mis padres planificaron su viaje para llevar con par de semanas de antelación (el 29 de junio) y estar aquí para ayudarnos en esos últimos días y claro está, desde el primer día de Diana. Pues bueno, una cosa dice el burro y otra quién lo arrea. Las contracciones empezaron la noche del 27 de junio y rompí fuente sobre las 4 am del 28, con mis padres ya en Caracas, esperando para abordar el vuelo que los llevaba a Atlanta y de allí, a esperar la conexión con Madrid. ¿El resultado?. Diana nació unas 12 horas después de la ruptura de la bolsa, con sus abuelos volando sobre el espacio aéreo internacional. Ella decidió que quería estar allí para recibir a sus abuelitos y no al revés. Graaacias, Diana.

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Las primeras horas de labor de parto están borrosas para mi. El cuerpo humano es una maravillosa máquina que no desea que me acuerde del dolor, el miedo y la desesperación, con intenciones de que en el futuro siga reproduciéndome… umjú. Pero si recuerdo con claridad que mientras esperaban que dilatara más, me llevaron a una habitación compartida con una chica dominicana que no hacía más que gritar: “Ay, papi, AY, PAAAAPI, me duele”. Y yo, intentando ser digna y no perder los papeles, acompasando las contracciones con la respiración del tipo “soplante lenta” que tanto nos machacaron en las clases de educación pre-natal. Con más ganas de levantarme de la cama y lanzarle un zapato para que se callara. La enfermera entraba cada dos por tres a pedir muy amablemente que “por favor, no chilles”. Claro que yo no estaba chillando, primero muerta que sencilla. Yo con mi respiración y pidiéndole a Oliver que me dejara en paz, cada vez que me decía: “sigue respirando como nos enseñaron”. Cállate, coño, que no tienes ni idea de cómo duele esto. Pobre hombre. Podía ver el miedo en su cara, lo único que podía hacer para ayudarme era intentar convertirse en mi “coach” de parto, pero no… gracias. Lo que menos necesito es que me den instrucciones mientras siento que el dolor me parte en pedazos desde la uña del meñique del pie izquierdo hasta la raíz del cabello.

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Pero después vino la gloria, en forma de epidural y todo fue hermoso. Ví como el Sol empezaba a tocar los rascacielos de Madrid con sus primeros rayos mientras me pinchaban en la espalda. Poesía pura. Hizo su efecto y yo pasé esas horas sobre una nube gorda, rosada, esponjosa. Dormí. Me desperté. Volví a dormir. Y al final, ya si me tocó hacer algo de esfuerzo y ayudar a que mi niña llegara al mundo. Una vez más, Diana se impuso y quiso nacer mirándolo todo. “¿Que mejor es nacer mirando hacia abajo o a uno de los muslos de tu mamá?. Que va… si lo que yo quiero es nacer boca arriba y verle la cara a los médicos y matronas”. Y venga ya, posición occipito sacra, que hace más difícil la salida por vía natural. Episiotomía para mi y así Diana finalmente vio la primera luz de este mundo. Graaaaacias, Diana.

No puedo quejarme de la atención durante el parto. Me sentí cuidada, mimada y protegida. Muy diferente a la planta donde estuve ingresada después del parto. Las enfermeras más bien parecían sargentos regañonas que iba por allí pellizcando pezones para demostrar que si tenías leche y que eras una floja por no obligar a tu bebé a cogerse correctamente del pecho. Si hasta tienen un sistema de megafonía en las habitaciones para indicarte cuando debes ir a bañarte.

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Además, la experiencia en la planta de post-parto se vio enrarecida aun por todo el rollo que vivimos con Diana en sus primeras 48 horas. Unos días antes de nacer, me ingresaron en el hospital porque durante un chequeo se dieron cuenta de que tenía poco líquido amniótico y querían descartar que tuviese rota la bolsa. Gracias a las clases de educación maternal conocía varios términos relacionados con el bebé y las medidas típicas que suelen hacerles para verificar que se esté desarrollando adecuadamente. Así que fue un balde de agua fría que en mi semana 38 una doctora en emergencias le soltara a otra que “el bebé es muy pequeño”. La medida del cráneo resultaba ser prácticamente la misma que 4 semanas antes, durante el último eco. Y yo, atacada de miedo porque hasta hacía 4 semanas mi bebé estaba perfectamente bien. Después de dejarme ingresada y hacerme más ecos, en efecto, Diana estaba más pequeña de lo que se esperaba para un bebé de su edad gestacional. No había crecido o ganado mayor peso en las últimas semanas. ¿Por qué?. Nadie supo decirme la razón. Que posiblemente fue algo que me pasó a mi lo que detuvo el crecimiento de la niña. O sea, mi culpa.

El pediatra que vio a Diana 24 horas después de su nacimiento, la encontró muy bien, con un tono muscular fantástico (levanta la cabeza y la mantiene erguida desde el día 1) y con excelentes reflejos. Peeeero, “como la niña tiene la cabeza muy pequeña, hay que hacerle un eco para descartar cosas”. ¿Qué cara pones cuándo un médico te dice eso, con tu hija en los brazos?. Yo veía a Diana en perfecto estado, totalmente equilibrado el tamaño de su cabeza con el del resto del cuerpo (que apenas midió 45 cm y pesó 2.600 gramos). Así que nada, a esperar 24 horas más para el bendito eco, que sirvió para que pidieran un análisis de orina para descartar un virus y quedó con la recomendación de repetir el eco 2 semanas después. Ver en el informe la palabra “microcefalia” fue un golpe al hígado.

Esa primera semana de vida de Diana pasó entre sustos médicos. Por un lado el eco y esperar los resultados del análisis de orina, y por otro, la niña estaba amarilla a causa de la bilirrubina. Dormía mucho, apenas comía, porque rechazaba el pecho, y claro está, si no come, no hace pipí y popó para eliminar esa bilirrubina. El pediatra nos envió a emergencias del hospital para tratamiento, pero más que nada le preocupó que Diana perdió el 8% de su peso en 3 días. Los recién nacidos pueden perder hasta el 10% de su peso en los primeros días, pero lo de Diana no tenía nombre. Así que nada, lo importante era que la niña recuperara el peso. Poder del biberón y la fórmula, yo te invoco!!!. Y una cosa llevó a la otra. Diana se acostumbró al biberón, desprecia el pecho desde entonces y además, la fórmula le empezó a causar estreñimiento.

Así han transcurrido las primeras semanas de Diana. Entre sustos, visitas a emergencias, consultas con el pediatra y enfermera de pediatría. El peso que perdió, lo recuperó con creces. Estoy segura de que la próxima semana estará sobre los 5 kilos, si no más, y posiblemente mida unos 55 o 56 cm, lo que viene a ser 10 cm más de los que tenía cuando nació. El examen de orina y los ecos determinaron que la niña no tenía nada “raro”, sencillamente ella es pequeña y punto. Quienes me conocen saben que tampoco tiene a quién salir muy grande. Y tal como me dijo un médico que me vio muy angustiada un día de esos: “no somos robots, no nos fabrican con partes exactas para que seamos todos iguales, así que yo no me preocuparía tanto”.

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A pesar de la privación de sueño y el cansancio acumulado, empezamos a ver pequeñas recompensas. Diana sonríe cuando nos ve al despertarse. Tal vez piensa: “yuuujuuu, aquí vienen los que me cambian el pañal y me dan de comer”, pero no importa. Nos dedica una maravillosa sonrisa desdentada. Y el mundo se ilumina, y te prometes que tu nueva meta en la vida es que ella sea feliz y siga sonriendo siempre.

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3 Responses to “Somos 3”

  1. Glauco

    Esos muchachos, dando problemas desde el dia 0, no? Lo importante es que todo este ok. Y las preocupaciones que te faltan.

    Por cierto que hoy me di cuenta que ustedes tambien le dieron un nombre geek “undercover”. O se olvidaron de la Princesa Diana de Temiscira, hija de Hippolita. :D


  2. Usted Sr. Rocco, sabe mucho, o ata muy muchos cabos… jeje. Ya habíamos pensado lo de Diana Prince, y creo que será uno de sus primeros cosplays disfraces de carnaval.

    Lo del parto fue una montaña rusa emocional. Si que lo fue. Empezando el ingreso de la semana anterior, las dos visitas al hospital, hasa los días posteriores. Aunque yo soy optimista por naturaleza, en ocasiones la situación lo supera a uno. Sin embargo, hoy, 8 semanas y un día después, viendo al pequeño spawn llorando en su parque/corral del hambre, más saludable, goldita y linda que nunca, se que todo ha valido la pena. En especial esta semana, que se han destapado los balbuceos y casi pareque que quisiera hablar entre sonrisa y sonrisa… se que falta mucho, pero soy un padre orgulloso!


  3. Por supuesto, gemelo.
    Eso está más que pensado y masticado.

    Y de hecho, sin proponérmelo, la niña comparte las iniciales de ambos nombres con las del nombre completo de mi escritora favorita, Diana Gabaldón O___o.

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