Cuando te alegra decir adiós
Adiós siempre me ha parecido una palabra fuerte, es tan definitiva y pesada que normalmente prefiero decir “hasta luego” aunque sepa que la ausencia será larga, pero seguramente hay momentos en los que te alegras de poder decirlo, porque ves en una sola palabra las innumerables posibilidades que podrá vivir una persona a partir del momento de pronunciarla. En estos 3 años he tenido que despedirme varias veces de las personas más queridas e importantes para mi y no sólo me refiero a mi familia, porque los amigos no se fabrican de la noche a la mañana.

Entre esas personas de la foto, hay amistades de larga data, gente con la que estudié en el colegio, en la universidad, gente con la que trabajé en otros lugares, pero al final todos nos reunimos en ese mismo sitio. Poco antes de mudarme a España, ya un par de ellos sabían que también se irían a trabajar/vivir a otro país. En cierta manera, la reunión que me hicieron a modo de despedida por irme del trabajo/casarme/mudarme marcó el antes y el después del bonito grupo que teníamos, empezamos a decirnos “adiós”.
Desde entonces, otros de ellos también decidieron irse a buscar nuevas oportunidades fuera del país. Aun así, cada vez que he regresado a Venezuela, una de las primeras cosas que hago es contactar a los que todavía viven allá, quedar para tomarnos un café y ponernos al día con aquellos chismes que con demasiado complicados para contar por e-mail.
Pero a partir de este fin de semana sólo quedan en Venezuela 2 de esos amigos de la foto y hay uno que también tiene planes, no concretos, pero algo hay. Aunque no esté con ellos para despedirlos, abrazarlos, decirles que “todo va a salir bien” y lo mucho que se merecen vivir la aventura de empezar una nueva vida en otro país, me alegro enormemente por todos y cada uno de ellos.
Imagino lo duro que ha sido para cada uno de ellos tomar la decisión, hacer la maleta con lo justo y necesario, con toda esa sensación de incertidumbre apretándote el pecho y entonces, decir adiós. Irse de tu país no es solamente desprenderte de tu familia en un aeropuerto sin saber cuando los verás otra vez, también dejas atrás recuerdos, amigos, al señor al que le comprabas el periódico todas las mañanas, a tus médicos de siempre, a la costurera, la peluquera habitual, en fin, todas esas cosas que estaban allí conformando tu día a día.
A todos ellos los echaré en falta, cuando vuelva de visita y no pueda verlos, porque sencillamente ya no están allí. Pero aun así, todos seguimos conectados, al día con la vida de cada uno, compartiendo las buenas noticias y las no tan buenas, ya que afortunadamente y a pesar de la distancia, siempre nos hemos mantenido tan cerca como nos lo permite encender el ordenador y hacer un clic.













